Me quedé cabreado en la clínica, cuando Emily se marchó. Sin embargo, Erín no tenía la culpa de todos mis problemas ni los de su madre, así que, resignado, me mantuve en un mismo sitio, esperando a que Scott se apareciera para increparlo por la reacción alérgica que tuvo Erín a unas medicinas.
Miraba cada cinco segundos mi maldito reloj, porque tenía prisa por ir al centro comercial. Con cada minuto y hora, sentía un desespero y angustia indescriptible. Temía que, cuando lograra comunicarme con ella, fuera demasiado tarde.
Pasé parte del medio día con mi pequeña hija, preguntando a cada momento si estaba mejor. Scott no aparecía y las...