Abrí mis ojos con dificultad y sentí el cuerpo completamente pesado. Durante el sueño profundo en el que me había sumido, soñé que Samanta estaba a mi lado, diciéndome que me amaba.
La cabeza dolía bastante y cuando intenté moverme, un quejido de dolor escapó de mi boca.
—¡Rick! —era la voz de Samanta—. No te muevas, puedes lastimarte —dijo con preocupación y me quedé quieto respirando hondo varias veces para que el dolor pasara.
—¿Dónde estoy? —pregunté a duras penas.
—En el hospital —dijo ella—. Llevas inconsciente dos días.
Fruncí el entrecejo y de golpe recordé todo lo que había pasado cuando el maldito de Chris disparó.
—¿No estoy...