Miré de reojo el ramo de flores que Elena colocó sobre la mesa del comedor y la respiración se me dificultó por entero. Müller siguió con su mirada mi vista y vislumbró las rosas.
—Él no se las envió… —musitó preocupado—. Es una trampa —miró a John y él palideció.
Comencé a temblar por el pánico que me embargaba.
—No fui yo. ¿Qué está pasando? ¿De qué trampa hablas? —me acerqué a ellos desconcertado.
John se tomó de la cabeza, mascullando maldiciones irreproducibles.
—Me envió un texto de auxilio. No quise llamarla para no alertar a las personas que quizás la estaban poniendo en peligro —habló Frank—. Fui con John...