Gabriel
Izan se mantiene callado mientras yo camino de un lado a otro como león enjaulado por no saber de Dayana. El padre de Adilene no me ha vuelto a llamar pero si llamé, por mis propios medios, al hospital para preguntar por la salud de aquella chica. Esta respondiendo al tratamiento pero se niega a comer. No quiere una vida sin Izan y ahora sin su hijo.
—¿Por qué no me matas de una buena vez Gabriel? ¿Para qué me haces sufrir?
—Tú no sabes nada acerca de sufrir, desde que llegaste a esta casa no has hecho más que ser feliz y tenerlo todo, incluso cuando mi padre...