Dayana
Carol, como ya es su costumbre, habla y habla sin parar mientras tanto Gabriel como yo ponemos atención...o por lo menos le hacemos creer que si.
Él me dedica una mirada como pidiendo auxilio pero soy incapaz de pedirle que se calle. El carrito de postres pasa a mi lado y yo no puedo evitar babear.
—¡Quiero uno de esos! –casi grito y Carol se silencia.
Observo a todos apenada pero la risa de Gabriel me hace sentir menos mal. Le hace una seña al mesero y él camina hacia nosotros.
—¿Cuál quieres, bonita? –me dice y yo no puedo evitar sentir la vergüenza acumularse en mis mejillas cuando...