Gabriel.
Abro los ojos despacio y al hacerlo puedo ver una luz cegadora justo en mis ojos. Me quejo un poco y levanto mi mano para cubrirme, pero algo jala de el.
Parpadeo varias veces antes de ver con claridad. Llevo una intravenosa en el brazo y estoy en el jodido hospital. Busco por todos lados a Dayana pero no esta.
El miedo de que haya escapado de mi me embarga, ¿me dejó aquí? ¿Habrá sido capaz de hacerlo?
—No se levante, el doctor viene para revisarlo.
—¿Qué sucedió?
—Llegó inconsciente al hospital, con una gran herida en la frente. No dejaba de sangrar y aún no entendemos como fue...