Dayana
Mientras me doy una buena ducha quitando todo el maquillaje que me pusieron para mí boda falsa, pienso y analizo la actitud de Gabriel hacia mi.
No me voy a creer el maldito cuento de que está enamorado de mi desde hace tiempo. Por qué de ser así él hubiese hecho las cosas diferentes. Quizás enamorarme como una persona normal aunque de haberlo hecho de todos modos no lo habría aceptado, pues mi corazón le pertenece a alguien más.
Jefferson Jones, el hombre más lindo que jamás pudo haber existido. De postura caballerosa, sonrisa angelical y ojos profundos como el mar azul.
El hombre de mi vida.
Jefferson y yo nos conocimos en la cafetería, abogado reconocido y el mejor del lugar. Fue amor a primera vista, y aunque nunca llegamos a llevarlo más allá por qué a mí me daba vergüenza que supiera de dónde vengo en realidad, fue lo mejor que me pudo pasar.
Todavía me rondan por la mente sus últimas palabras, las que me confirmaban que había elegido bien.
"No me importaría esperar un siglo más por ti, si al final de todo eso podemos huir de todo lo que un día nos hizo daño, te amo Daya, y me gustaría formar una familia a tu lado"
Mis lágrimas se mezclan con el agua, yo también lo amo y ni siquiera pude decírselo. Quería que él supiera lo que siento por él y contarle todos los planes que noche tras noche soñaba hacer realidad a su lado.
Ahora todo eso me fue arrebatado de las manos y ni siquiera me dieron la oportunidad de luchar por ello.
-Maldito seas Gabriel Walsh, maldita la hora en la que apareciste en mi vida. Quisiste jugar con fuego y ahora es momento de que pagues por ello.
***
Acomodo mi cabello en una coleta baja y reviso mi reflejo. Llevo un fresco vestido de tela fina en color negro con flores naranjas. El escote me libera de usar sostén y es un poco más corto de lo que estoy acostumbrada pero he decidido que jugaré con Gabriel Walsh, si él decidió pasarse mi opinión respecto a esta boda por el arco del triunfo, haré que pague por ello.
Bajo las escaleras despacio, luciendo unas sandalias preciosas. Si hay algo en lo que jamás estaré en desacuerdo con él es en su buen gusto por la ropa.
Carol acomoda algunas flores en el centro de la mesa mientras tararea una canción, bajo los últimos escalones y cuando se gira para verme abre los ojos con sorpresa.
—Que bonita te ves Dayana. Que precioso vestido. Tienes que prestarmelo luego por qué de seguro con ese conquistaste al indomable de mi hermano. Por cierto, tienes que contarme la historia de como se conocieron.
—Claro que va a contarte todo, ¿No es así Αρκετά? –asegura él y yo lo miro confundida.
Carol se derrite cuando lo escucha hablar y yo sigo sin entender nada. Pero si es un apodo cursi, es horrendo.
—¿Mi hermano siendo romántico? Tienes que darme la receta de como le hiciste, por lo regular los hombres tiene miedo de serlo. Pero mi hermanito por lo que veo es de los que babea miel. ¿No es lindo?
-Claro muy lindo. Deberías preguntarle a él como fue que nos conocimos, es perfecto para contarte acerca de ese momento tan especial, yo no pudo recordarlo sin querer llorar. –respondo y veo su sonrisa caer.
—¡Entonces no perdamos más tiempo! Vamos a comer.
Carol corre hasta la cocina mientras Gabriel y yo nos quedamos uno frente al otro. Ninguno de los dos dice nada, ninguno de los dos se mueve de su lugar, la única diferencia entre él y yo, es que sus ojos intensos escanean mi cuerpo, se afloja la camisa del cuello y relame sus labios.
Es obvio que no le soy indiferente, y ese quizás sea su talón de Aquiles y lo voy a aprovechar.
—Luces preciosa con ese vestido. El color te queda bien.
—Es de lo único de lo que no me puedo quejar, de todo esto, de tu buen gusto para la ropa. ¿Eliges la ropa de todas tus esclavas? –le pregunto venenosa y su ceño se frunce.
—Nunca he tenido esclavas Dayana.
—¿De modo que soy la primera? –cuestiono fingiendo sorpresa–, que afortunada me siento.
—No empieces algo que no estarás dispuesta a terminar Dayana.
—¿Una pelea? ¿Crees que no soy capaz de terminar una pelea contigo? Te reto a que me pongas a prueba, ya nada peor me puede esperar después de que tú y mi padre me arrebataron la vida, los planes, mis sueños. La capacidad de amar a un hombre bueno que en este momento se estará preguntando que habrá sido de mi. –espeto y me mira perplejo.
—¿Tenías a alguien? –susurra demasiado impresionado.
—¡Sí! ¿Y sabes qué? Me quitaron la oportunidad de ser feliz, ¿Pero que más da? Estoy en Grecia, en una enorme casa lejos de mi hogar, casada con un hombre del que apenas tolero su mirada puesta en mi. ¿Es el sueño de toda chica, no?
—¿Por qué no dijiste nada? ¿Por qué tú padre no dijo nada?
—¿Y eso habría cambiado algo? ¡Mi padre no sabía nada! ¿Realmente crees que iba a decirle a Jefferson que...?
—¿Ese es su nombre? ¿Jefferson qué? ¡Dime su maldito nombre!
—¿Para qué? ¿Vas a ir a matarlo o solo irás a presumir que tú si pudiste tenerme como él siempre quiso? Por qué te aviso de una ves que si esa es tu intención, él podrá decirte que me tuvo como tú nunca podrás. –respondo con suficiencia viendo cómo sus ojos se llenan de furia.
Camina solo algunos pasos hasta mi tomándome por los hombros hasta pegarme a la maldita pared. Toda la valentía que me respaldaba segundos atrás se esfumó, ahora un gran nudo en mi garganta me impide respirar de manera correcta.
Acerca sus labios hasta los míos pero no los toca, giro mi rostro para evitar su mirada pero su mano toma mi barbilla y me obliga a mirarlo.
El gris profundo de sus ojos se cuela por mis pupilas, es como su leyera mi interior y eso espanta a cualquiera. Incluso siendo guapo, por qué sería muy estúpido negar que es guapo, malditamente lo es, imponente estatura, de labios carnosos, facciones masculinas pero sin llegar a ser toscas. Mejillas cubiertas por una barba muy bien cuidada y ni hablamos de la nariz, perfilada y bonita. Perfil griego tiene y solo le falta ser un puto dios para complementar el cuadro.
—Voy a tenerte como él nunca pudo ni podrá, eres mi esposa ahora, mañana y para toda mi jodida vida. Serás la madre de mis hijos y aprenderás a amarme, yo me encargo de eso. –sentencia antes de alejarse de mi.
—¿Vas a pagarme para que te ame? ¿Para que me acueste contigo y lleve en mi vientre a tus hijos?
—¿Eso quieres? Te daría todo lo que tengo Dayana para que te quedes conmigo. Tú pide el maldito mundo y se te dará. Pero no te irás de mi.
—¿Es una estupidez no crees? Y lo es por qué podrías tener a cualquier mujercita para que cumpla con ese papel, yo no soy de bebés y esas cosas, tampoco ser ama de casa es mi puta aspiración Walsh, estás con la mujer incorrecta pero si eso deseas, prepárate por qué yo también puedo jugar y veremos quien termina perdiendo. –sentencio antes de caminar hacia el comedor en dónde Carol ya espera por nosotros.
Cuando me ve corre hasta mi y me toma de la mano, me señala una silla y ella se sienta frente a mi, Gabriel llega y se sienta entre nosotras. El comedor el pequeño pero supongo que era obvio, está casa es la que compartiremos Gabriel y yo nada más y una mesa tan grande no tendría sentido.
–Espero que te guste Dayana, es nuestra comida favorita, era la favorita de papá y siempre nos la hacia cuando estaba feliz. Está comida trae felicidad a quien la come.
Felicidad. Espero que realmente me haga sentir feliz por qué dudo que estando atrapada aquí pueda estarlo.
***
La cena pasó tranquila y en silencio...bueno por parte de Gabriel por qué Carol estuvo hablando hasta por los codos decía mi madre. Carol advirtió que vendrá a visitarme después de que la semana obligatoria de la luna de miel acabe.
Estuve tentada en pedirle que no se preocupara por eso, que estaba bien que viniera por mi mañana mismo para conocer Grecia, pero al parecer también debo fingir tener una luna de miel con Gabriel.
—Me alegra mucho tenerte aquí Dayana, hace tiempo que no veía a Gabriel tan feliz como hoy. Desde que mi padre murió no lo había visto sonreír, pero hoy...no dejaba de hacerlo mientras estábamos hablando.
—¿De verdad? –cuestiono un poco sorprendida.
—¿Acaso no te das cuenta? A mi hermano solo le falta babear por dónde pasas. Sonríe apenas te ve. Entiendo por qué se enamoró de ti, mírate nada más Dayana, eres preciosa y hoy me quedó clarísimo que muy inteligente también. Aunque, siento que hay algo contigo, pero no puedo entender qué es. Quizás solo son alucinaciones mías.
—Gracias Carol, espero que podamos tener mucho tiempo para conocernos y hablar sobre todo lo que no pudimos ahorita.
—Disfruta tu semana de locura apasionada, en el primer cajón de tu armario está la ropa sexy, lencería y otras cosas. Yo misma la compré espero que les guste.
—No debiste molestarte.
—No digas tonterías, fue un placer. No sé si Gabriel te lo mencionó pero en esta familia somos unidos, demasiado. Tratamos a los recién llegados a la familia como si nos conociéramos desde hace tiempo, espero eso no te incomode.
—Para nada. Aunque puede que tarde en adaptarme a tanta familiaridad ya que vengo de una familia muy pequeña, pero sé que con el tiempo pasará. Solo espero ser del agrado de todos.
—En está familia nadie mira mal a nadie Dayana, a excepción de nuestra prima segunda pero no cuenta, llegamos a la loca conclusión de que tenía un gran enamoramiento de Gabriel pero él nunca le hizo caso.
—¿Siendo familia se enamoró de él?
—Oh bueno, ella en realidad fue adoptada por mis tíos, no es una verdadera Walsh, sabes. Pero la familia la aceptó gustosa, te digo que todos son muy amorosos.
Bajo la mirada pensando en que tan bonita debe ser y por qué Gabriel no puso sus ojos en ella. A menos de que sea fea.
—¿Ella es bonita? –cuestiono y Carol asiente.
—Aura es muy bella, piel apiñonada, ojos azules, cabello dorado. Pero todo eso lo descompone su actitud pedante.
»Tú no tienes nada de que preocuparte, eres mil veces más bonita y como te digo, mi hermano jamás le hizo caso. De hecho todos creíamos que él era...raro.
—Carol. –la reprende la imponente voz de Gabriel.
Tanto ella como yo nos sobresaltamos al escucharlo, ella se lleva una mano al pecho y lo empuja de manera juguetona.
—Eres tan tonto. Un día de estos vas a matarme de un susto Gabriel y Gaia no es tu hermana favorita.
—No tengo hermanas favoritas, Carol.
—¿Seguro que no? Por qué yo tengo pruebas que lo demuestran. –asegura ella y Gabriel muestra apenas un atisbo de sonrisa.
—Sí eres la favorita pero no vayas a decirle nada a Gaia, se supone que debo ser imparcial.
—Ella no es tan cool como yo, ¿Tú ya la conociste Daya? –me pregunta y ese diminutivo de mi nombre me hace estremecer.
Solo Jefferson me llamaba así y el que ella me haya dicho de esa manera hace que todo se sienta extraño. Escucho todo un poco extraño, como si me estuviesen hablando bajo el agua, todo a mi alrededor se ve borroso y siento muchas ganas de vomitar.
No ahora, no aquí, no con ellos presentes.
—¿Dayana?
Veo a Gabriel ponerse frente a mi y toma mi cara entre sus manos. Quiero alejarme, quitar sus manos de mi piel. Me quema, me duele, pero no tengo fuerzas para hacerlo.
La mirada de Carol se llena de lágrimas y solo puedo rogarle con la mirada a Walsh para que me deje ir.
No voy a aguantar mucho tiempo aquí. Y si lo hago, viva será muy poco.
—¡Dayana!