Mantengo mi vista en la ventana del Jet de Walsh, se ha sentado frente a mi y puso su atención al teléfono.
Estoy molesta, muy molesta. Ni siquiera pude despedirme de mi padre, no llevo mi teléfono y no he podido hablar con Jaqueline desde aquel día en el que salí del trabajo pensando que mi padre estaba muerto.
-Señor Walsh, vamos a despegar, es necesario que todos usen el cinturón. -señala la asistente del piloto y sé que se refiere a mi por que no lo llevo puesto.
-Gracias señorita.
-¿Necesitan algo antes de despegar?
-Agua para mi por favor. ¿Dayana necesitas algo? -pregunta y yo trato de ignorarlo-, agua para ella y traigan algo para el dolor de cabeza.
Ella se retira y Gabriel deja el teléfono a un lado.
-Ponte el cinturón por favor Dayana.
Sigo observando por la ventana el gran aeropuerto. Acomodo mis lentes oscuros y ni siquiera lo miro. Lo odio.
-Dayana por favor, deja de comportarte como una niña caprichosa. Ponte el maldito cinturón.
-¡No! No quiero y deja de darme ordenes maldita sea que no soy tu jodida esclava. -espeto y lo veo aproximarse a mi en segundos.
Su cara esta a centímetros de la mía, puedo sentir su aliento en mi mejilla, toma mi mentón con sus dedos y me obliga a mirarlo.
-He tratado de ser bueno contigo Dayana pero tú no cooperas, ¿por qué lo haces difícil?
-¡Por qué me compraste! Me obligaste a firmar un maldito contrato matrimonial. ¿Tú estas feliz con eso? No me conoces y no sabes quien soy. Así como yo tampoco lo sé.
-Pues te equivocas, -asegura abrochado mi cinturón-, sé perfectamente quien eres y conozco mucho más de ti de lo que piensas. Ahora comportate, o voy a tener que enseñarte como me gustan las cosas.
-¿Vas a castigarme como a tu guardia?
-Puede que si, pero vas a disfrutarlo... Incluso vas a pedir más. -dice antes de de irse dejándome perpleja.
Resoplo y giro mi cabeza hacia otro lado. Maldito idiota.
Siempre soñé con hacer muchas cosas en la vida, viajar y conocer, pero con el problema que representaba irme de aquí, no pude hacerlo a tiempo.
***
Siento las manos de alguien tomar mi brazo y moverme un poco, abro los ojos y me encuentro con los ojos de Gabriel mirándome con cautela.
-¿Quieres comer algo?
-No tengo hambre. -miento y él pone los ojos en blanco.
-Dayana por favor...
-Esta bien, quiero comer.
-¿Tienes alguna alergia?
-No. Cualquier cosa esta bien.
Gabriel asiente y camina hasta la azafata quien sonríe de manera amable y se va a donde supongo preparan todo.
Desabrocho el cinturón y camino hasta el baño, cierro la puerta y me refresco las manos un poco. Me quito los lentes y puedo ver mis ojos hinchados. Eso sucede por llorar como estúpida por algo que no tiene solución ya.
Recuerdo las palabras de mi padre antes de salir hacia las maldita boda.
-Tienes que poner tu mejor cara, sonríe, su familia estará ahí en todo momento y...
-Si padre, sé exactamente lo que tengo que hacer. Fingir que estoy enamorada de Gabriel Walsh, que no estoy haciendo esto de manera obligada y que es lo que siempre he anhelado.
-Dayana, mi niña, no quisiera decirte esto pero, ¿sabes lo que significa que te cases con Gabriel? Serás su esposa, en todo sentido, ¿comprendes?
-Comprendo, no es como si fuese la primera vez que tengo sexo con alguien. -aseguro y veo sus mejillas tornarse rojas.
-¿Estás dispuesta a tener sexo con él?
Limpio mis ojos y lo miro antes de decir las palabras que se me atoran en la garganta.
-Sí tú estuviste dispuesto a venderme para pagar tu deuda que soy tu hija, yo estoy dispuesta a tener sexo con el hombre que me aceptó como pago.
-No me odies por favor.
-¿Odiarte? Para nada papá, yo te amo, y espero que recuerdes eso siempre, cada que recuerdes también como no te importó arrojarme a ese hombre con tal de salvarte el cuello.
Fin del recuerdo.
-¿Dayana estas bien? -cuestiona su voz desde afuera.
No respondo y salgo del baño echa una furia nuevamente. No llevo mis lentes y el mira mis ojos llorosos.
-¿Esto también forma parte de ser tu esposa? ¿Vas a seguirme hasta en el baño?
Su semblante cambia a uno más serio.
-Solo quería asegurarme de que estabas bien. No sé si habías viajado antes en avión y puedes experimentar incomodidad.
-Pues no, no había viajado en avión y no estoy incómoda, ahora volveré a mi lugar.
Paso por su lado y nuevamente me detiene.
-¿Realmente quieres hacerlo así? ¿Quieres que te trate mal cuando lo único que quiero es darte todo?
-Darle todo a su esposa forzada, a la pobre hija de un maldito enfermo adicto a las apuestas. Claro, deberían darte un lugar en el cielo ya.
Me suelto de su agarre y camino por el pasillo, lo escucho maldecir y golpear algo. Bandera roja, y ya lleva como diez.
Me siento en mi lugar y veo que han traido la comida para mi. Todo se ve delicioso pero mi orgullo me esta gritando que no me lo coma. ¿Qué tal si le pusieron algo para dormirme? Retiro la bandeja de mi y solo tomo la botella de agua, pero antes de abrirla pienso en la posibilidad de que haya sido inyectada con veneno o algo.
-Sería ridículo que pienses que voy a envenenarte Dayana. -asegura con seriedad en su voz.
-No estaba pensando en eso. -miento cuando es más que obvio que soy malisima para mentir.
-¿Seguro que no era eso lo que pensabas? -cuestiona y siento un poco de diversión en su voz-, puedes comerla, estas a salvo. No soy un monstruo capaz de asesinar mujeres y menos a ti. No podría.
-¿Por qué? -cuestiono sin entender por qué tanto afán en que fuera yo.
-¿Por qué, que?
-Por qué te portas como si te importara.
-Por qué me importas Dayana. Siempre soñé con este momento aunque creí que sería diferente y menos complicado, debo aclararar. Yo ya te había visto antes, todas las veces que tuve que ir a ver a tu padre, en las sombras, ahí estaba yo.
-Esto es ridículo. ¿Realmente quieres que crea eso? ¿Qué siempre estuviste enamorado de mi?
Comienzo a reír por lo estúpido que esto suena. Yo apenas sé su nombre y ya, ¿y él cree que verme desde las sombras me hace sentir más segura? De verdad que es idiota.
-No sé si solo finges ser idiota o realmente lo estás. ¿Crees que el haberme visto "desde las sombras" te hace mejor prospecto para mi? Ridículo.
Puedo notar su mandíbula tensarse.
-No sé qué diablos hice para merecer esto. -murmura.
-Devuélveme, dame los papeles del divorcio y llévame a casa, déjame tranquila por favor te lo ruego. No quiero estar contigo, no conozco nada de ti y me da miedo tenerte cerca.
»No sé quién carajos eres o qué haces o por qué no hay nada sobre ti. Mandaste a golpear a mi padre no una ni dos sino más de cuatro veces, tu gente se llevó mi auto, las escrituras de mi casa, destruyeron todo. ¿Cómo voy a confiar en alguien a quien no le importó herirme de esa manera?
-Nunca quise dañarte, tu padre...
-Mi padre cometió errores, así como tú lo estas haciendo. Por favor, te lo ruego, déjame ir.
Gabriel se levanta y se aleja nuevamente de mi, el piloto nos pide abrochar los cinturones y lo hago sin rechistar. La azafata se lleva la comida y solo me deja la botella de agua, be o de ella y siento como el trago amargo pasa por mi garganta.
Nos preparamos para el descenso y me voy mentalizando para lo que viene. Soy su esposa en todo sentido y deberé responderle como tal, incluso si eso significa tener sexo con ese hombre.
***
-La casa les va a encantar, la mandamos a remodelar para ustedes. ¿Piensan tener hijos pronto? -cuestiona la chica que va con nosotros en el coche y yo siento que ha dicho la peor locura-, bueno eso no importa ahora por que ya verán que linda quedó.
»Por cierto, soy Carol, hermana menor de Gabriel. Lamento no haber estado en la boda a pesar de que moría por estarlo, pero Gabriel me pidió que arreglara todo para su llegada.
Extiendo mi mano y ella no solo la toma sino que me atrae hacia ella en un abrazo que correspondo torpemente.
-Nos llevaremos super bien ya veras. Mi hermano jamás había traído a nadie a Grecia y saber que llega con esposa y todo es la mejor noticia del mundo. No hay con quien hablar en casa sabes.
-Espero que podamos llevarnos bien. -le digo y ella sonríe.
-¡Por supuesto que lo haremos Dayana! Espero que tengas hambre por que he cocinado algo delicioso.
-Mientes, -asegura él sin verla-, eres incapaz de cocinar algo por sí sola.
-Está bien, alguien más cocinó para nosotros, espero tengas hambre por que fue difícil elegir.
-Muero de hambre, la comida del avión estaba envenenada o algo así. -confieso y veo la sonrisa de Gabriel pero no me mira.
-Mi hermano siempre dando la peor comida del mundo. Mucho dinero, muchos aviones, pésima comida. -asegura ella y yo río.
-Ustedes dos tienen prohibido conspirar en mi contra. -nos dice pero algo me indica que esta de buen humor y eso hace que el mio se amargue.
-No tienes derecho hermano, aburrido que eres. -murmura ella y la platica continua entre ellos dos.
A mi me hubiese gustado tener hermanas, tener una mejor amiga en casa que fuera mi confidente, la vida hubiese sido menos dura.
Su mano sobre la mía me trae al presente, trato de quitarme de su agarre pero la mirada enamorada de Carol sobre nosotros me lo impide.
Soy su esposa por la fuerza pero debo mantener mi maldito papel.
Él entrelaza sus dedos con los míos y sus ojos jamás se despegan de los míos. Yo siento calor inmediato, esta situación me causa un enorme conflicto por que lo quiero lejos pero esa sensación de calor en mi mano lo quiere cerca.
El coche se detiene y Carol mira por la ventana, esa es mi señal para quitar mi mano de la suya y aunque su expresión confundida reemplaza la sonrisa que llevaba segundos antes, lo ignoro y bajo del auto junto a Carol.
No puedo describir lo precioso que es ver todo esto. Jamás salí de la maldita ciudad en donde viví hasta hace unas horas y estar aquí casi hace que se me olvide como fue que dejé atrás esa ciudad.
-Es precioso, ¿verdad? Amo la vista desde aquí, me hace recordar a mi padre. Él amaba este lugar y esta vista. Pintaba muchos cuadros de este lugar. Pero no te cuento que tan bueno era, mejor ven a verlo.
Carol me toma de la mano y yo trato de seguirle el ritmo, entramos a la casa y no puedo dejar pasar el detalle de los árboles de bugambilias que adornan la entrada. Contrasta con el blanco de la fachada.
Pero el exterior no es más bello que el interior. Justo en medio del recibidor se encuentra un enorme tronco, con varias enredaderas. Es tan alto que creo que traspasa el techo de dos pisos de esta casa.
-Mi padre construyó esta casa, el árbol era el favorito de mamá así que él quiso que se mantuviera intacto. La casa tiene al rededor de tres árboles distribuidos por la casa. No quisieron demoler ninguno. -me señala Gabriel detrás de mi.
Miro por todos lados buscando a Carol pero no esta.
-¿Cuántos pisos tiene esta casa? -cuestiono y veo de nuevo esa su sonrisa.
-Tres, las copas de los tres árboles salen hasta la terraza, desde ahí arriba puedes ver todavía una mejor impresión del lugar. ¿Quieres subir? Puedo pedir que...
-Quisiera descansar. Darme un baño y quitarme todo esto. -señalo el maquillaje pero en realidad no quiero pasar tiempo con él y menos a solas.
-Entiendo, llevaré las maletas a nuestra habitación y podrás darte un baño.
-¿Nuestra? -cuestiono y su mirada vacilante se fija en mi.
-No te preocupes, no voy a tocarte hasta que tú quieras Dayana. Hay una recamara dividida, se comunica pero es totalmente independiente. No te preocupes por eso. -asegura antes de caminar hacia las escaleras y yo lo sigo con la distancia prudente.
Conforme avanzo en esta casa más me sorprendo, hay mucho arte en las paredes, todas firmadas por J. R. Walsh. Supongo que era el padre de Carol.
Gabriel abre una puerta enorme y me deja pasar primero. El ventanal que me recibe apenas entro, me invita a pasar toda la vida sentada frente a él, observando el atardecer.
Camino hasta ese lugar atraída por el intenso azul del cielo, la frescura del aire juega con algunos mechones de mi cabello.
Incluso aquí huele diferente, por lo menos huele a más tranquilidad.
-Te dejaré para que te cambies y te des un baño. Le diré a Carol que estas cansada y dejaremos la comida para otro día. -anuncia a mi espalda.
-No, me ducharé y bajaré a comer, Carol debió esforzarse en algo y no quiero dejarla plantada con todo.
-Dijiste que estabas cansada.
-Mentí, solo quería estar lejos de ti y en ningún lugar sola contigo. -confieso y siento su mirada fija en mi nuca.
-Estas sola conmigo ahora.
-Pero estoy más tranquila por que dijiste que no me tocarías.
Lo siento acercarse a mi y pone ambas manos sobre el barandal, una a cada lado de mi cuerpo.
Puedo sentir el calor de su cuerpo en mi espalda y su aliento en mi cuello, pega su pecho a mi espalda y puedo ver sus nudillos volverse blancos seguramente por la presión sobre el barandal.
-Dije que no te tocaría sin tu consentimiento, pero eso no quiere decir que un día de estos me canse de tus malditos desplantes y tome lo que por ley me pertenece, Dayana. Así que es mejor que pienses bien a quien quieres contigo, al idiota enamorado o a Gabriel Walsh, el que siempre obtiene lo que quiere.
Se aleja de mi de manera rápida y el frío abraza mi cuerpo. Suelto el aire que no sabia que estaba conteniendo y mis labios tiemblan. Tengo que averiguar como salir de aquí antes de que sea tarde y termine cometiendo una locura.