—¿Una fiesta? –cuestiono mientras le ayudo a servir los platos de la cena.
—No es una fiesta enorme, pero si una importante. Me gustaría que vinieras conmigo.
—Mi pie representaría un problema debido a las zapatillas. No puedo asistir a una fiesta de esa magnitud luciendo zapatos inadecuados.
—¿Quien va a fijarse en tus zapatillas si tu cara es la que impone? –cuestiona y yo giro mi cara a otro lado evitando que vea mi rubor.
—No sé si estoy lista para que la gente me vea. –confieso por qué es la verdad.
Todo el mundo ahí va a saber que soy su esposa y eso puede llegar a oídos...