Le doy un poco de calma a mi cuerpo mientras estoy debajo del agua fría. Dayana hizo algo que lejos de darme fuerzas para alejarme de ella y dejar de pensar de manera sugerente en su cuerpo, avivó más esas ganas.
Tan solo de recordar su lengua sobre mis labios, la manera en la que presiono mis mejillas y el contacto de su mano con mi cuerpo, mi erección duele y es más difícil de bajar.
Traté de jugar un juego que únicamente me hace perder, y créanme que si es contra ella no importa pero mi pene sufre la mayor de las consecuencias.
El teléfono suena y apenas soy...