—¿Segura que no estás pretendiendo envenenarme? –bromeo y puedo ver su nariz arrugarse.
—¿Y crees que comería de lo mismo que tú si estuviese tratando de envenenarte? Es absurdo no crees.
—Buen punto. –concuerdo y la veo sentarse a mi lado y no frente a mi.
—¿Por qué te sientas ahí y no allá? –señalo la silla frente a mi.
—Tu mirada me pone nerviosa y quiero comer tranquila.
—Juro que no voy a mirarte, dejaré que comas en paz. –aseguro y ella me mira con sospecha pero termina accediendo y se sienta frente a mi.
Se acomoda en la silla y yo no puedo evitar mirarla. Sé que prometí...