París, Francia
9 meses después…
—¿Ya nació? —pregunté por enésima vez a la enfermera que salió del quirófano, quien me respondió como todas las otras veces.
—Aún no.
Me llevé las manos al rostro y comencé a inquietarme. Había entrado con ella, pero luego de que el médico contrajo su rostro por una inexplicable razón, hicieron que saliera del sitio.
—Vamos, Piero, ya pasará —Lucio palmeó mi espalda y negué.
—Algo no anda bien.
—Seguramente son contratiempos insignificantes —consoló Leo y suspiré.
La situación no había sido para nada fácil, ya que durante el trayecto al hospital mi esposa perdió mucha sangre. Sin embargo, había mantenido la calma para no...