Le devolví las fotografías sin mostrar remordimientos por haber pensado mal. De todas maneras, hacerme ilusiones con un desconocido no podía resultar en nada bueno.
—Es muy bella —bebí nuevamente mi vino.
—¿Me podrías explicar por qué me evitaste tantos días? —se acomodó de lado en el sofá para verme a la cara. De repente, sus ojos se desviaron al logo de mi camiseta—. Linda camiseta.
—¿Es muy evidente mi fanatismos por los Lakers? —afirmó con la cabeza. Tomó la botella y llenó nuestras copas.
—Eres una mujer increíble —murmuró sin dejar de verme a los ojos.
—No me conoces, Piero. No tienes fundamentos para afirmar algo así —repliqué con...