—Es preciosa, no tiene nada que envidiarme. Es rica y está comprometida, según ella con un exitoso empresario neoyorquino que a Lucio no lo termina de convencer y presiento, que como él no ve con buenos ojos su compromiso, solo quiere fastidiarnos. Pero eso no quita que me sienta mal con sus comentarios.
—Con más razón; ignórala y compórtate como si nada con tus suegros. Hazlo por Lucio y por la paz de tu matrimonio, nena. ¿Está bien?
—Está bien, Sabrina. Gracias por estar aquí —replicó y solo pude abrazarla deseando que todo pasara rápido para que se marchara con Lucio a Dubái.
Entramos a la casa y nos recibió...