Chapter 4 Habrá boda en París

Chapter 4 Habrá boda en París

SABRINA

—No puedes estar hablando en serio —expresó en voz baja Lina, porque notamos que al jardín ingresaba un hombre.

—¡Por supuesto que no puede estar hablando en serio! —exclamé sin importar que me oyeran—. Tiene que ser una broma, Alison. Apenas has cumplido veintiuno y ni siquiera lo conoces.

—Nunca en mi vida he hablado más en serio, Lina —respondió con seriedad a nuestra hermana mayor—. Ni mucho menos bromearía con algo tan importante —me vio a los ojos, dolida—. Creo que fue un error haber venido. Me hubiera quedado en París y casado sin las personas más importantes de mi vida porque a ellas no les importa mi felicidad.

Me crucé de brazos, enarcando una ceja y Lina bufó, porque esa era la típica manera en que nuestra pequeña pero diabólica hermana lograba todo lo que se proponía.

—Lo sentimos, Alison. Pero debes comprender que nos ha tomado por sorpresa la noticia. Ni siquiera sabíamos que tenías novio —explicó paciente y ella solo se cruzó de brazos—. Te enviamos a París a un taller de modas y has regresado con un novio que no conocemos, diciendo que te casarás.

—No lo planeé, Lina. Solo pasó y mi corazón me decía que no debía dejar escapar al amor de mi vida.

Rodé mis ojos y negué.

—Basta de discusiones —intervino papá—. El hombre ya está aquí —señaló con la cabeza y volteamos a mirar para ver a un muchacho bastante guapo y elegante, admirando los rosales secos de mi padre como si fueran de lo más interesantes—. A lo que vinimos: cenaremos, lo conoceremos y luego tendremos una conversación bastante seria los cuatro. ¿Entendido? —las tres afirmamos con la cabeza—. Preséntanos a tu… prometido, Alison. Que después de todo, no tiene la culpa de estar aquí.

Alison aplaudió victoriosa y corrió hacia donde estaba de pie mi futuro cuñado, quien no se veía nada mal.

Cuando estuvo cerca, pude notar que era rubio, alto y con ojos azules. Delgado y atlético.

—Lucio, quiero presentarte a mis hermanas y a mi padre —dijo Alison, con los ojos brillantes.

—¿Nombre italiano para un francés? —replicó papá, extendiendo su mano para saludarlo.

—Mi padre es italiano, señor, y mi madre francesa. Es un placer conocerlo, Alison me ha hablado mucho de usted.

—¿Ah sí? —preguntó mi padre y quise reír. El muchacho afirmó serio con la cabeza—. Pues creo que se le olvidó mencionarte a ti en todas nuestras conversaciones telefónicas.

—Papá, por favor —concilió Lina—. Es un placer conocerte, Lucio. Soy Lina —se presentó de la misma manera que mi padre—. Disculpa a mi padre y espero comprendas que ha sido una sorpresa para nosotros lo del compromiso.

—Lo entiendo perfectamente. ¡Ni se imaginan como lo ha tomado mi madre! —dijo nervioso y Lina solo afirmó con una sonrisa forzada.

—Hola, Lucio. Soy Sabrina —saludé y él solo movió al cabeza para corresponderme.

—Vayamos a cenar antes de que se nos vaya el apetito a todos —masculló papá y no pude evitar reír, mirando al prometido de Alison.

—Si en verdad estás dispuesto a casarte con Alison, mejor acostúmbrate a esta familia para nada convencional y completamente chiflada —aconsejé y él afirmó sonriendo.

La cena transcurrió con normalidad, mientras Alison nos daba algunos detalles del curso que había tomado. Durante el postre, Lucio habló un poco de él y fue ganando lentamente la atención de mi padre.

Era arquitecto y acababa de abrir su propia constructora. Se veía bastante educado y parecía un muchacho serio que como único pasatiempo tenía la fotografía. Fue así como conoció a Alison; mientras tomaba fotografías en el parque donde ella corría.

Lina y yo levantamos los platos, mientras los novios y mi padre siguieron al pequeño salón donde papá fumaba y bebía algo antes de irse a la cama.

—Parece un buen muchacho —susurré, mientras ponía en el lavaplatos la vajilla.

—Alison se ve distinta.

—Está enamorada realmente —concordé con Lina.

—Solo el tiempo nos dirá eso. Sabes que Alison es una niña caprichosa y malcriada.

—¿Culpa de quién? —enarqué una ceja y ella suspiró, mientras preparaba té para ambas.

—Sabes que todos la consentimos demasiado porque mamá se fue cuando ella era muy pequeña.

—Sí, lo sé. Solo quería fastidiarte —reí, bebiendo de la taza que me había servido.

—Últimamente es lo único que quieres hacer.

—Lina, por favor…

—Se me ha ocurrido una idea brillante para que los empleados de la revista olviden por un tiempo tus faltas —mencionó.

—¿Ah sí? —afirmó—. Mientras no quieras casarme y enviarme de luna de miel…

—Pues es algo similar.

—¿Qué quieres decir? —fruncí el ceño.

—Ya que Alison estará muy ocupada con los preparativos de su boda, se me ocurrió que podrías tomarte unas merecidas vacaciones y ayudarla —mencionó con suavidad y abrí la boca para protestar—. Piénsalo; es una buena manera de que ambas conservemos nuestros empleos.

—Sabes que odio las bodas y además, no sabemos si Alison despertará mañana cambiando de idea. ¡Es Alison, por Dios! —repliqué, como si fuera algo estúpido.

—Algo me dice que no lo hará, así que tú escoges: o te tomas unas vacaciones temporales o unas vacaciones permanentes, pero tendrás que mantenerme cuando me quede sin empleo.

—Eres tan dramática —repliqué con fastidio.

—No tenemos otra salida —suspiró.

—¿De cuánto tiempo estamos hablando?

—No te has tomado vacaciones desde que iniciaste. Podrías pedir unos dos o tres meses.

—¡¿Qué?! —grité—. Eso es mucho tiempo. ¿Qué haré con tanto tiempo libre? Al menos me pagarás, ¿cierto?

—Por supuesto, Sabrina. Es algo que te lo mereces y no porque seas mi hermana diré esto, pero eres una de las mejores en la revista, le duela a quien le duela. Sin embargo, estamos en la cuerda floja y por lo menos démonos un respiro hasta que todo pase. Incluso, puedes usar ese tiempo para buscar un esposo, tal vez —se encogió de hombros divertida y solo negué.

—Está bien, pero terminaré la semana para dejar todo en orden.

—Gracias, Sabrina.

—Supongo que las gracias debería dártelas yo a ti.

—Creo que es hora de ir a ver a los tórtolos —mencionó, levantándose y la seguí.

***

—¿Nos perdimos de algo? —pregunté, ingresando al salón y viendo a papá de lo más divertido con los novios.

—Nada, hija. Siéntense con nosotros.

Ambas tomamos asiento al lado de papá, quien tenía una copa de coñac en una mano y un puro en la otra.

—Aquí ya no hay nada que remediar, mis pequeñas —señaló a los novios con la mano que sostenía el puro y luego caló una bocanada—. Se casarán en un mes y no hay nada que hacer.

—¡Pero eso es muy pronto!—dijo Lina, mirando con seriedad a nuestra hermana pequeña.

—A Lucio le ofrecieron un proyecto muy importante en Dubái. Debe marcharse en mes y medio, así que no tenemos mucho tiempo —explicó.

—¿Por qué no se casan a su regreso? —sugerí—. Podrán tener más tiempo para los preparativos sin que se les escape nada y no se sentirán tan ahogados con el tiempo encima —Lina afirmó, aguardando una respuesta de los novios.

—Mi contrato es de dos años y creo que es mucho tiempo para esperar a casarme con Alison —respondió Lucio—. Sé que solo desean lo mejor para ella, que todo esto debe ser abrumador y un tanto precipitado, pero quiero que sepan que hablo muy en serio al decir que amo profundamente a su hermana desde el momento en que la vi —suspiró, mientras la miraba con adoración y supe que no habría modo de hacerlos cambiar de idea—. Mis padres también se sorprendieron, pero saben que soy un hombre sensato que jamás se dejó llevar por los arrebatos, mucho menos por cosas del momento y no tuvieron demasiado que objetar porque me conocen y están seguros que mis intenciones son genuinas. Mi amor es una promesa que cumpliré hasta mi último aliento con su hermana.

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