El médico dió indicaciones, debía cuidarse, debía evitar preocupaciones innecesarias, asegurarse de dormir sus horas y comer, por mucho que su estado mental le dijera lo contrario. El bebé aún era pequeño, debían tomarse su tiempo, dejarlo crecer para poder mirarlo en una ecografía más adelante y asegurarse de que nada impidiera su crecimiento oportuno.
La felicidad de aquel momento fue incomparable, por el amor que ambos se tenían, pero cuando la emoción de la noticia se opacó ambos comenzaron a tener miedo. Ser padres no debía ser una tarea fácil, especialmente cuando ambos venían de familias tan disfuncionales.
—¿Qué pasa?
—Nada, solo estoy preocupada—respondió Rebecca mirando a su marido—....