—¿Estas bien? —preguntó Rebecca mientras Aleksander se aclaraba la garganta.
—Lo estoy, ha sido…un descuido.
Rebecca asintió y luego le paso una copa de agua. Amanda miró la escena de ambos con el ceño fruncido. Ante los ojos narcisistas de Amanda, Rebecca parecía ser demasiado ordinaria para un hombre tan atractivo como él. Era bonita, pero nada cercano a lo que una delicada dama seria, en la cabeza de una mujer como ella, una mujer que anda descalza, con aroma a establos y despeinada no podría considerarse una dama.
No era nada por lo que exagerar, porque la mayoría había montado o pasado tiempo con animales alguna vez.
Amanda tenía...