—No es una reparación estéticamente bonita, pero podrá llamar al técnico para que cambie la caja o los cables mañana —murmuró Aleksander para luego rezar en su mente y suplicar a Dios que encendiera. Movió la palanca y entonces se hizo la luz.
—¡Maldita sea! Nunca había mirado algo como eso. Eres rápido, actúas por instinto y parece moverte una inspiración clara en tu esposa. Me agrada tu actitud. Me recuerdas a mi cuando era joven, aunque puedo asegurarte que cuando yo lo era, nunca hice algo así con un cable de tensión riesgosa. Me agrada, me agrada mucho—exclamó el anciano para luego palmearle la espalda—. Vamos, vamos, estoy seguro...