Aunque por dentro, él también era un Russo. No importaba que su apellido ahora fuera otro, él siempre llevaría la sangre de su madre, Bianca Russo, por sus venas. Y con que él lo supiera dentro de su corazón, era suficiente.
«Mami, siempre seré tu hijo. Eso ningún papel podrá borrarlo, eres parte de mi y lo serás hasta el día en que deje de respirar y nos volamos a encontrar», prometió, con todo el amor que pudo evocar dentro de sí mismo, esperando y anhelando que su mamá pudiera escuchar desde donde quiera que esté.
Pietro miró el reloj, Bruno se estaba tardando con los papeles a firmar. El...