—No puede ser.
—El día que fuiste a reclamarme por intentar seducir a Clement cometiste el error o la asertividad de beber en uno de los vasos. Tomé la prueba de allí. Ahora debes darte cuenta de que toda la vida me has tratado de forma injusta. Es una pena, una muy grande que no creo poderte perdonar nunca —inspiró aire para tomar valor—. Tú única y verdadera hija, soy yo.
Alfredo supo entonces que había cometido un error, uno muy grande. Porque si eso era verdad... Todos esos años, había cometido la estupidez de tratar a su única hija como si no lo fuera.
¿Qué pasaría ahora?
¿Qué significaba...