—Vuelve conmigo, Rebecca. En donde siempre debiste estar.
No podía, no lo haría. Sin importar a donde tuviera que ir tenía una cosa más que clara y era que Asher no era para ella. Aleksander era la cosa más bonita que el destino le había puesto delante y ella lo quería. Tendrían un hijo y serían felices.
—No puedo hacerlo, se ha acabado, Asher, he tomado mi decisión. No haremos las cosas como siempre debieron ser, puede que tengas de regreso lo que te pertenece, ¡pero yo nunca lo fui! Yo tengo voz y voto en esto también, y eso hace mucho tiempo que está sellado en piedra.
Sus palabras...