Rebecca apreció el amor sincero en los ojos de Aleksander mientras la hacía suya y la penetraba causándole placer, pero atándola a él de alguna forma significativa, pues había sido el primero y ella añoraba que también el último hombre que la tuviera en sus brazos.
Cual dolor que hubiera tenido se borró, solo podía escuchar su agitada respiración y el latir se su corazón que se arrastraba por no irse dentro del remolino que algunos llamaban éxtasis.
Su cuerpo se tensó y entonces vio cada sensación estallar ante sus ojos en un arrebataron orgasmo que le sacudió el cuerpo,
—¡Alek!
¡Demonios! Eso fue un detonante para él quien al...