No toleraba la idea de seguir destinando parte de sus ingresos para ella, no entendía cómo logro permitir su entrada a la casa, pero ahora que ponía su fortuna a repartir, definitivamente no pensaba seguir dándole más beneficios a costa suya.
El abogado no mencionó nada más, anotó lo que el hombre le estaba diciendo e intentó no hacer ningún gesto, pues era completamente inusual que un hombre de su posición desheredara a alguno de sus hijos, después de todo, las fortunas eran sumamente jugosas.
—Está bien, ¿algún detalle más que agregar?
—Mi hija Camille recibirá su fortuna cuando sea primera dama de Italia, mientras tanto debe permanecer sin tocarse...