—Dame la oportunidad de darte lo que no le di a tu madre, dale la oportunidad a este anciano que tiene los días contados en este mundo de conocer lo que es abrazar a un miembro de su familia que creía extinta. No me mires como si ahora fuera un extraño, mírame como lo que soy: tu abuelo, sangre de tu sangre—Aleksander tragó saliva. Miró la calidez en los ojos de su abuelo quien le abrió los brazos esperando una respuesta.
Lo dudo, lo dudo por un par de segundos, pero luego intentó recordar qué otros brazos le habían abierto así las manos. Ningún hombre de su círculo, el único...