CAMILE
Su rostro apenas se inclinó a un lado. Mi palma ardía, pero más ardía de coraje por todo lo que estaba pasando, por toda la mierda a la que Henry se expondría si este hombre decía la verdad.
Su cabeza fue rotando, lentamente, hasta quedar de nuevo frente a mi rostro. Pude ver en sus ojos la rabia que intercedió al fuerte golpe que me devolvió en la mejilla izquierda. El empellón en mi cara, resonó en el despacho, cuando la cachetada me fue devuelta por esa enorme mano; caí de lado en el sofá, donde estaba sentada. Me llevé la palma al rostro, sintiendo como dolía, pero nada...