CAMILE
Sus manos subieron por mis piernas y su boca mordió el lóbulo de mi oreja. Mi cuerpo se arqueó por respuesta.
—Me dirás de una vez, ¿qué te sucede conmigo? ¿Qué sientes por mí? —hundió su rostro en la comisura de mis senos, dispuesto a obligarme a rendirme a él.
Henry estaba decidido a conseguir respuestas.
—Yo… yo tengo miedo de volver a sentir —confesé aturdida, sumisa y dócil ante él. Me estaba dominando y sometiendo a todos sus deseos.
Y, aunque sabía que jugando con fuego solo podría quemarme, ardería con gusto en el mismísimo infierno por él.
—¿Crees que yo no? —replicó. Subió hasta mi boca, mordisqueó...