CAMILE
Al abrir mis ojos, él ya no estaba a mi lado, en esa cama donde acabábamos de entregar algo más que nuestros cuerpos. Sentí una punzada de decepción, en tanto me incorporaba de la cama y me envolvía con una sábana para ir por algo de beber. Suspiré hondo y tragué con fuerza; mis pensamientos estaban fijos en un moreno sensual que acababa de hacerme ver las estrellas como ningún otro hombre lo había conseguido jamás.
Caminaba por el pasillo, cuando divisé una tenue luz desde la sala. Mi corazón comenzó a palpitar frenético, ante la posibilidad de que no se hubiera marchado y dejado después de que —aunque...