CRISTOPHER
De inmediato, Camile me fulminó con esos ojos chispeantes de felino.
—Tú… ¿qué haces aquí? —indagó, .
Ambos se acomodaban sus prendas frente a mí, del otro lado del escritorio.
—Pues, vine a visitarte. Tenía muchas ganas de sorprenderte y sin embargo, el sorprendido fui yo —dije con un atisbo de risa y negando con la cabeza—. ¿Desde cuándo es que juegas a los doctores con tu asistente, Cam? —pregunté sin vueltas. Noté, de reojo, que el muchacho se tensaba.
—Eso no te incumbe, y ten la sensatez de marcharte inmediatamente, Cristopher —exigió imperante y asentí.
—Está bien. Me marcharé, pero antes necesito cruzar unas palabras contigo... a solas...