CAMILE
Nuestros cuerpos ardían por la pasión desbordada que nuestra piel emanaba por las ganas reprimidas. Comencé a desprender su camisa, desesperada, apartándola de su cuerpo como pude. Mis manos recorrieron su torso duro, bronceado y perfecto, bajando despacio por su abdomen plano. De repente, me detuve y vi en sus ojos la confusión. Poco a poco, aparté mis piernas y me puse de pie, alisando mi vestido. Me volteé dándole la espalda, y sobre el hombro le lancé una mirada sensual.
—¿Puedes? —pregunté, apartando mi cabellera para dejar a su vista la cremallera de la prenda.
Sentí sus manos firmes y seguras, bajando el cierre del vestido, con las...