CAMILE
—Es hora de que te lleve a casa. Vamos… —susurró, después de un momento largo de silencio. Suspiré profundo, abrazándome con fuerza a su cuerpo. Me tomó de los hombros, apartándome con lentitud y perforando mis ojos pardos con su intenso iris oscuro—. ¿Te encuentras bien? —preguntó. Negué con la cabeza, porque era verdad; por dentro no me encontraba para nada bien—. Perdona si fui brusco, lo lamento… —susurró, llevando un mechón de mi pelo tras mi oreja.
Cerré los párpados por las sensaciones que me provocaban todas sus atenciones, todos sus detalles. Henry era un caballero en todo el sentido de la palabra.
—Estuvo bien, no es precisamente...