CAMILE
Derramé algunas sales en el agua, y encendí un par de velas aromáticas. Me despojé de mis prendas, quedando solamente en ropa interior y caminé hasta la cocina, en busca de una copa de vino. Bebí un sorbo mientras regresaba al tocador, dejando la copa en el respaldo de la tina. De pronto, todos mis sentidos se pusieron en alerta y se me erizaron hasta el último vello del cuerpo. Unas enormes manos se deslizaron desde mis hombros, hasta la cúspide de mis caderas. Sentí una fina línea, dibujada con un dedo, a través de mi espina dorsal, hasta llegar a mi sostén y desprenderlo.
Respiré hondo. Arqueé a...