CAMILE
—Vamos, Cam; no te resistas… —murmuró a centímetros de mí, apresándome contra la pared que había sido el límite de mi huida. Cerré los ojos y sentí sus dedos rozar mi mejilla. Volteé mi cara, tratando de evitar su tacto y lo oí sonreír—. ¿No me digas que olvidaste todo lo te enseñé, pequeña? —Percibí su aliento a alcohol y un sollozo ahogado escapó de mi boca—. ¿Ya olvidaste todo lo que hacíamos en mi cama?
—Sólo déjame ir a la habitación de huéspedes, y prometo que haré todo lo que quieras —musité apenas, con la voz rota y vibrante por el miedo.
—¿Lo que yo quiera? —acercó sus...