CAMILE
Con el pecho oprimiéndome hasta el punto de imaginar que en cualquier momento reventaría, tomé todas las fuerzas que me quedaban para responder afirmativamente.
—Sí, cielo. Estoy bien, no te preocupes —emití con cariño, consiguiendo que el maldito que estaba a mi lado me jalara el pelo en señal de amenaza—. Te veo mañana en mi departamento, Henry. Te amo. Nunca lo olvides, por favor —dije con firmeza y Cristopher me arrebató el aparato de inmediato.
—¡Pero qué carajos haces! —reclamó, guardando de nuevo el móvil de donde lo había extraído y con una mano presionó mi mandíbula.
—¡Ahhh! ¡Me lastimas! —grité por el dolor que su mano presionada...