CAMILE
—Vamos, Cam. Nuestro vuelo espera —anunció Cristopher, luego de que colgara la llamada con mi madre.
Sus manos me tomaron de los hombros, haciendo que volteara mi cuerpo y anduviera como si me tratara de un robot.
—Dime, por favor, que no me obligarás a hacerlo… —susurré, sorbiendo mis lágrimas—. Dime, Cristopher, que no harás lo que Daniel te pidió —supliqué con la voz temblorosa.
—Lamento no poder contradecirte, pero haremos lo que él dijo, Cam. Tú y yo nos casaremos en cinco días. Tu madre ya lo está organizando todo, y déjame decirte que está por demás encantada. Ya sabes que siempre me quiso de yerno.
—¿Mi madre?...