HENRY
Con el corazón galopando a mil por hora, dejé a Camile en la cama y fui de camino al aeropuerto para regresar a Nueva York.
Un raro presentimiento, de que algo malo ocurriría, no dejaba de rondar por mi cabeza y de turbar a mi corazón, y la verdad es que temía que, lo que me aguardaba en la ciudad, fuera más complicado y peligroso de lo que imaginaba.
Las horas no pasaban en mi reloj y las ansias por volverla a ver me carcomían por dentro. Ya era imposible pasar un solo día sin verla, sin abrazarla y besarla… sin que mis ojos constataran que se encontraba bien,...