A mí hermano Lucas, cuando nos metíamos debajo de la cama para leer los libros de terror que teníamos prohibidos porque luego teníamos pesadillas y no podíamos dormir, nuestros padres odiaban que nos quedemos hasta tarde leyendo y al rato vayamos a sus camas para dormir. Y aún así, jamás nos mandaron a nuestros cuartos. Qué buen tiempo era aquél, sin pensar en si él o yo seríamos los herederos, solamente dos hermanos teniendo algo de diversión.
Mis abuelitos haciéndome tardas de manzana cada domingo, o pasteles de chocolate aunque sabían que me ponía tan hiperactiva que tenía que correr y correr para quemar el azúcar de mi cuerpo, y...