—Meli, cariño. ¿Estás bien?
No, claro que no lo estoy. Dios mío, no puedo fingir delante de ellas, y tampoco quiero, porque me cuesta tanto dar una solución a esta mierda. No me gusta para nada estar en esta situación. Me quedé callada y una de ellas abrió la puerta, no me atreví a alzar la mirada, que me vieran de esta manera, o que me digan algo que realmente no quiero escuchar ahora mismo.
Respiro profundo, apoyando los codos en mis rodillas, escondiendo mi rostro por un momento, y sin decir ni una sola palabra alcé mi rostro para mirar a mis amigas con una sonrisa en los labios....