Al llegar notó que todas eran mujeres, el taller era en una casita acogedora con Stella y Akros, un matrimonio de ancianos agradables, quiénes les enseñarían durante tres días seguidos lo básico en la cocina griega. También fue de mucha utilidad que supiera hablar inglés, ya que nadie allí hablaba español.
—¿Soltera? —le pregunto una señora regordeta con cabello rojo.
Esmeralda asintió con una sonrisa.
—Sí —respondió en inglés—. Vine a vacacionar un poco nada más.
Las demás señoras se rieron un poco.
—También es buen lugar para conseguir esposo —esa vez quien habló fue otra mujer, con un marcado acento ruso—. Traje a mi hija Narin para que aprenda...