Por su parte, Daniel bajó el teléfono celular hasta colocarlo de un solo golpe sobre la mesa alta que tenía a su derecha, justo al final del panel de vidrio.
—Te vas a cagar los pantalones, imbécil —susurró a la nada, teniendo en mente al periodista.
Se dio media vuelta, se agachó para agarrar las llaves de su vehículo de la mesa baja y salió de su oficina. Dejando algunas instrucciones a su personal de confianza, anunciando regresar en la noche, salió al estacionamiento VIP. Se montó en su deportivo último modelo color negro, uno de los cuatro vehículos que poseía, poniendo a rugir los motores y saliendo de allí....