Era absurdo, impensable para Maximiliano Bastidas, el abandonar a un hijo. Eso era algo que jamás haría. Ni aún después de su muerte cometería un pecado como ese, pero no le extrañaba de alguien como Fred, a quien le fascinaba mirar a los demás por encima de ellos y hasta de él mismo, así como también humillar, aplastar y desbaratar. Para Max, Fred Davison, el padre de su esposa, fue un verdugo en los negocios, pero un déspota en la vida. Para muestra: su historia familiar, una hija que prefirió cambiarse el apellido antes de ser vinculada con él y sus negocios, saltando todo un océano para por fin alejarse....