—¿Qué es lo que sientes? —Ella lo penetró con su consternada mirada—. ¿A caso ella está…?
Max no pudo asentirle o negarle, tampoco hablar más. El llanto de Carla se abrió como un mar bíblico y tormentoso, rasgando la noche en pedazos, rasgándose ella también, rasgándolo a él, quien se apresuró a sostenerla fuerte para no dejarla caer.
***
Maximiliano no pudo cambiarse de ropa, el amanecer llegó. Debía cumplir con tareas, hacer diligencias, pero no podía moverse. Ella no sabía que él la observaba dormir.
Se sentía tan culpable…, sobre todo cuando Carla, casi sin darse cuenta, comenzó a despotricar palabras sobre su tía en medio de su llanto,...