Daniel dejó de leer.
Lo que venía a continuación no eran más que datos sobre las marcas del vestido y el traje, sus diseñadores, la empresa contratada para el catering…, «chorradas», como muy bien él lo pensó.
En cambio, absolutamente serio (algo muy poco común en él), se dedicó a observar las fotografías de los novios colocadas en el artículo, estudiándolas premeditadamente, disfrutando de la perfecta actuación de ambos mientras sonreían, se miraban a los ojos, se besaban y compartían con los presentes ese amor que pregonaban.
«Algo raro está pasando aquí», pensó él.
—¿Qué hará al respecto, señor? —preguntó su hombre de confianza, apodado “el taxista”, un sujeto de...