Sin decir nada, Carla esperó que la máquina les llevara hasta el piso.
Maximiliano tomaba de su segunda copa de champán. Con la mano izquierda metida en el bolsillo de su pantalón negro, miraba las impresionantes vistas de una fría Londres nocturna y llena de vida.
Todos en la ciudad despedirían ese año, cada quien en su elemento, junto a sus personas favoritas o no, con la compañía elegida y deseada. Y otras, como él, entendiendo que llegarían solas al primer día del año, casadas o solteras sin elección, algo que no él no imaginó y menos dentro de un matrimonio por contrato con una mujer que ni siquiera deseaba...