Terminó de acomodarse el esmoquin, mirándose detalladamente en el espejo.
Se acercó a ella de nuevo, sobó su cara y plantó un ligero beso en sus jadeantes labios.
—Fue bueno venir aquí.
Ella frunció el ceño, él parecía estarse despidiendo.
—¿Viajarás?
Él no le respondió, atravesaba el umbral del camerino cuando ella lanzó esa interrogante.
Max cerró la puerta tras de sí. El guardaespaldas lo siguió.
Se detuvo un momento para mirar su celular, pero algo sucedía con él, parecía sentirse incómodo. El cansancio por el ejercicio no fue problema, pero su mente, su cuerpo…, algo estaba ocurriendo, sentía una especie de arrepentimiento y no comprendía por qué razón.
Revisando...