Carla despegó sus ojos de la taza, no pudo tomar nada, ni un solo sorbo.
Respiró profundo, una y otra vez para calmarse.
«Esto pasará rápido, estoy a salvo aquí, Maximiliano será un buen esposo durante este año, nada será difícil, es solo un contrato, sigue adelante con todo».
—Oh, Dios… —Gladis saltó del asiento, cerró la puerta de la habitación para que nadie viera ni escuchara y acercó una silla, colocándola al lado de Carla.
—Señorita…
Carla negó con su cabeza y tomó sus manos, entonces así, agarradas las dos, se permitió llorar, drenar el enorme peso que amenazaba con ahogarla.
«Esto no está bien», pensó la ama de...