—Señora Bastidas, ¿pasó algo? ¿Qué hace allí?
Carla miró a su derecha, sus ojos explayados por el susto.
—¡Shhh! ¡Silencio! —exigió ella, despegándose de la puerta y dirigiéndose hacia la persona que la interrumpió, quien no era más que otro de los escoltas que trabajaban para Peter, quien acaba de aparecer allí como un fantasma sin que ella ni siquiera se diera cuenta de por dónde vino. No logró percatarse del sonido del ascensor, no sintió el ruido de sus pasos, estaba ensimismada escuchando todo lo que se desarrollaba dentro de aquel apartamento.
Adentro, las tres personas miraron a la puerta al mismo tiempo. Todos escucharon ruido.
Max se puso...