—¿Para dónde vas? —le preguntó a Max, al ver que la dejaba sola, saliendo del apartamento—. ¡Pero bueno! ¡Max!
Maximiliano, antes de salir, tomó las llaves de Carla y las metió en el bolsillo de su pantalón. Salió, cerrando la puerta y respirando profundo para calmarse.
Negó con la cabeza y casi se echa a reír, porque no podía creer que tuviese que lidiar con dos mujeres altaneras a la vez y ni siquiera se estaba acostando actualmente con ninguna.
—¡Max, abre la puerta, déjame salir de aquí!
Maximiliano no atendió a los gritos de su esposa, mientras entraba en el apartamento de los escoltas. Se acercó al guardaespaldas y...