—Alguien tiene hambre.
Alzo la vista de mi plato y encuentro a mi madre y a mi abuela mirándome.
—Sí, lo estoy. Perdón.
—No, no, eso es bueno —me asegura mi abuela—. ¿Por qué no nos cuentas sobre tu primer día en tu nueva escuela?
Asiento y dejo el tenedor, pero mi madre baja la mirada a su plato y no la vuelve a levantar.
—Bueno —comienzo, un poco dolida—, hoy solo me mostraron la escuela. Recibí mi horario y conocí al director. Es muy agradable. Hay un patio, la comida de la cafetería es increíble, y la gente parece…
—Gracias por la cena, mamá, pero tengo que volver a...