Tomo asiento en la primera fila mientras mi mente nada en ideas y en ensoñaciones sobre mi fin de semana con Dante. Mi mamá entró en mi habitación esta mañana mientras me preparaba. Se sentó en el borde de mi cama desordenada y me observó mientras revisaba que tuviera todo lo necesario—y, posiblemente, innecesario—empaquetado en mi maleta. Hablamos un poco. No fue como nuestras habituales bromas sarcásticas, sino más bien una conversación profunda y directa. Como me sentía culpable por mi pequeña mentira sobre el estado de mi relación con Dante, decidí contarle un poco más. Incluso le dije que Dante y yo no habíamos hecho nada aún, aunque el...