La ducha es una distracción. Mi mente está ocupada masajeando, enjuagando, embriagada por el aroma de sus productos, que están justo al lado de los míos. Mientras el acondicionador penetra en mi cabello, destapo sus botellas y percibo su aroma. Recuerdo aquellos momentos en los que estábamos tan increíblemente cerca que podía percibir el leve rastro de su fragancia.
Salgo de la ducha cuando termino y me enfrento al espejo que, aunque empañado, refleja mi imagen de manera sincera y abrupta. Hay una tentación enraizada dentro de mí, llamándome a observarme detenidamente. Solo una rápida mirada, solo para asegurarme. Muerdo mi labio inferior y me giro ligeramente de lado. Mis...